Silla Thonet: genialidad en seis piezas, diez tornillos y dos tuercas

Silla Thonet: genialidad en seis piezas, diez tornillos y dos tuercas

La Historia, que usa la mayúscula como una advertencia, parece que se cuenta como una crónica de lo que sucede en grandes despachos o desoladores campos de batalla. En un lugar más discreto están nuestras pequeñas historias, escritas en testarudas minúsculas: aquella vez en la que usar katiuskas salvó más vidas que la penicilina o la extensión del alumbrado público. Una cambio era imparable: nuevo urbanismo, nuevos negocios, nuevos espacios para la vida social. Así, en el siglo XIX nace la idea de la vanguardia: los pintores escaparon de las academias para refugiarse en los cafés para captar la vida en su mismo instante. Y los cafés se convirtieron en uno de los escenarios de este movimiento pero, ¿qué perfil tendrían? Pues su recuerdo tiene en Michael Thonet uno de sus constructores, gracias a seis piezas, diez tornillos y dos tuercas.

Desde 1830, Thonet experimentó nuevas técnicas para que redujesen costes en la producción. Hasta entonces, en la fabricación se aplicaban técnicas de modelado a base de cincel y de uniones mediante ensamblajes, lo que encarecía el producto.

En 1859, el empresario ideó un sistema en el que sometía láminas de madera previamente encoladas a humedad y calor para poder curvar la madera, lo que daba como resultado una masa dúctil y resistente que se moldeaba en formas relativamente complejas. Una vez enfriada la pieza, el molde era retirado y los distintos componentes eran ensamblados mediante tornillos hasta obtener el producto final.

La silla nº 14 de 1859 —conocida como Kaffeehausstuhl Nr. 14, ‘silla de café nº 14’— aún es la silla. Su producción alcanzó números de manía: se produjeron más de 30 millones hasta 1930. Una silla que cambió el aspecto de las casas, los estudios y, sobre todo, los cafés.

¿Por qué triunfó la silla Thonet?

  • La industrialización buscaba automatizar lo más posible la producción; lo que hoy entendemos como sistema Ikea tiene su origen en la la genialidad de la silla Thonet, que se entregaba en piezas para que cada cliente las ensamblase entre sí gracias a diez tornillos y dos tuercas que unían seis piezas independientes. La genial creación trinufó por la sencilla lógica del ensamblado
  • También revolucionó la logística: Las sillas se enviaban desmontadas en una caja de un metro cúbico, donde cabían 36 ejemplares, y se armaban en el lugar de destino.
  • Se convirtió en un icono de las artes y artistas: la silla Thonet aparece en obras de Renoir o, más claramente, en la obra En el Moulin Rouge de Toulouse-Lautrec, donde la vemos como parte significativa del mobiliario. Además, apareció en filmes de Charles Chaplin, o incluso en la famosa y certera recreación que hizo Bob Fosse del Berlín de entre guerras. Liza Minelli baila en Cabaret apoyada en una nº14.
  • Influyó en escuelas como Bauhaus o De Stijl, que buscaban producir objetos bellos, sencillos y baratos. Las mejores mentes de estos grupos, o posteriores gigantes de la arquitectura como Le Corbusier, adoptaron el estilo de líneas claras y sencillas. Adelantó en casi medio siglo algunas técnicas que aún consideramos contemporáneas.

Thonet en el Inferniño

Las sillas Thonet original están entre los pequeños tesoros, sutiles pero importantes, que guardamos en el Inferniño. Un objeto que une la audacia técnica con un resultado sencillo, funcional y bello tiene un lugar reservado en nuestro espacio.

Nuestra sillas Thonet nos hacen felices y, sobre todo, representan parte de nuestro espíritu: aprovechar lo existente, aplicar la técnica para recuperar los que está bien hecho para ofrecer algo completamente nuevo. Quisimos evocar el ambiente relajado que gobernaba en los espacios comunes del edificio del Inferniño: un espacio para ser parte de lugar monumental en el que encontrareis vuestro sitio.

Como veis, nuestras sillas Thonet tienen historia pero el Inferniño tiene muchas más. Solo falta que nos visitéis para escribir vuestro capitulo en la historia, en testarudas minúsculas, la única que importa.